Supervivencia
Julio 28, 2007
Por Fabián Beremblum
Ni París, ni Roma. Tampoco una ciudad inglesa. La postal nos muestra la avenida Alvear, bien custodiada, para usar una expresión muy 2007, por sus palacios afrancesados. Seguir leyendo »

Por Fabián Beremblum
Ni París, ni Roma. Tampoco una ciudad inglesa. La postal nos muestra la avenida Alvear, bien custodiada, para usar una expresión muy 2007, por sus palacios afrancesados. Seguir leyendo »
por Fabián Beremblum
Ni un solo edificio. Tampoco hoteles de lujo. Todas casonas bajas, copas de árboles y alguna torre. De todas, la única construcción que subsiste en la actualidad es la iglesia que asoma al fondo de la imagen.
Así era Recoleta en 1910. Esta fotografía, editada por Jacobo Peuser, fue envíada seis años después, más precisamente un 22 de enero, a Justita Campos Urquiza. Ella, como buena integrante de una familia porteña de alcurnia, estaba morando en la residencia “Las Brizas” -Bulevar Colón 1348- de Mar del Plata y recibía las cálidas palabras y los saludos de sus familiares, que aún sufrían el veranito porteño en aquella Buenos Aires ya centenaria.EF

Por Fabián Beremblum
En medio de una mansa soledad, y detrás de un perímetro de rejas y vegetación, emerge el imponente palacio de mil detalles arquitectónicos. Su ubicación: Ayacucho y Avenida Alvear. Justo en la esquina donde hoy se encuentra el más afrancesado de los hoteles porteños.

por Fabián Beremblum
Muy pocos -quizás nadie- podrían dar crédito a quien les dijera que esta imagen fue captada en el mismo lugar en el que hoy diariamente circulan miles de personas, autos y colectivos, y que presenta en su geografía un comercio al lado del otro: la avenida General Las Heras.
Y, sin embargo, es así. Este boulevard de adoquines gastados, de árboles semipelados y un destartalado tacho de basura en primer plano, es el antecedente de una de las arterias que ahora resulta vital para la vida del barrio y de sus vecinos.
En la imagen, la calle vacía, sin personas ni medios de transporte, casas que parecen abandonadas y un dominante cielo gris que se refleja en algunos de los charcos esparcidos, ilustran un típico día invernal en la ciudad de Buenos Aires de antaño.
Sin embargo, en pleno 2006, la foto, más que a la vieja ciudad porteña, probablemente nos transporte a algún pueblo perdido en la inmensidad de la pampa bonaerense. Uno de esos que, en alguna parada de cierto viaje turístico o laboral, recorrimos apenas unos minutos. Por una vez y para siempre.